Este post va dedicado a todos los Andresaurios del mundo: eres joven, valiente y curioso, tienes el mismo derecho a aprender y a explorar con la misma libertad que cualquier adulto, y espero que tus papis lo comprendan

"¡Tienes que estar pendiente!" me dijo una señora cuando vio pasar a mi hijo en su bicicleta. "No debería ir solo por esa calle", comentó otro señor para el que, aparentemente, yo era invisible.
Las críticas y "consejos" cada vez que mi hijo y yo salimos en nuestras bicicletas, sobre como "debería tener cuidado" y que "es un peligro que ande solo" son algo con lo que ya no tengo ni energías de lidiar, sonrío y les ignoro.
Tenemos la bendición de tener un hijo muy inteligente, pero esa inteligencia viene con un folleto de términos y condiciones que dicta, entre otras cláusulas, que Andrés se aburre si pasa cinco minutos sin aprender algo y que una vez que lo aprende ya no quiere parar.
Es el tipo de peque que una vez que aprendió a nadar se pasó 8 horas metido en la piscina, le saben a nada las quemaduras y el ardor de espalda. Así que era de esperar que una vez que aprendiera a andar en bicicleta, nunca más se quisiera bajar de ella. Y aquí hay un factor "agravante", su papá se mueve en bici y lo lleva a todas partes en ella.
Así que considero que, lo más lógico y correcto, debería ser enseñarle a moverse "naturalmente" en la bici. Y moverse "naturalmente en ella implica aprender a usarla en carreteras.
¿Por qué? Pues porque ese fue el mundo que le dejamos. En mi época de aprender a andar en bici, por mi calle pasaba un automovil cada 20 minutos, ahora pasan seis en menos de 5 minutos, así que sería irreal decirle a mi hijo que aprenda en el patio, tomado de mi mano, porque cuando llegue el momento de enfrentarse al mundo en su vehículo de dos ruedas, no voy a estar yo, y va a estar abarrotado de carros.
Mi hijo no es mío, es un regalo del Creador, o del Universo, o de la Naturaleza, de quién tu creas, pero PARA EL MUNDO. Mi privilegio fue tener la posibilidad de compartir los momentos de aventura y aprendizaje para cuando esté listo para dejarme y seguir su camino.
Nunca va a conseguir eso si le voy arreando a cada segundo.
Entonces sí, señora. Estoy pendiente, siempre me adelanto en los cruces concurridos, le ordeno parar si pasa algún camión o me pongo entre él y el tráfico que se aproxima cuando es mucho.
No, señor, no está solo, su papá siempre le va siguiendo a menos de dos metros de distancia para adelantarse si hace falta o auxiliarle si se cae. Pero el mejor modo de enfrentarse al mundo es moverse en él, en mi opinión, no puedo protegerle de algo que va a estar alrededor de él toda su vida.
¿Me da miedo? ¡Claro que sí! Me aterra el hecho de que en algún momento se pueda caer y me lo golpee algún conductor inconsciente, me paraliza la visión de que pudiera pasarle algo a mi querido Andresaurio. Pero a mí también me dejaron ver el mundo a mi manera y ya tengo al menos unos 22 años haciéndolo así, mi hijo también merece ese privilegio.
¿Cómo me puedes ayudar? Pues si lees esto y vas conduciendo y lo ves, no aceleres, debería ser lógico que una personita tan pequeña en una bicicleta a la orilla del camino no tiene la capacidad de cálculo y reacción que un ciclista experimentado. No toques corneta, baja la velocidad, dale algo de espacio y sigue tu camino.
También pasa que a veces las personas vienen caminando el hombrillo, él toca su campana y grita "permiso" y las personas sonríen y hasta me le dan palmadas en la cabeza, pero no se apartan.
Andrés ya es lo bastante competente como para circular evitando el peligro: sabe ponerse su casco, mantenerse en el hombrillo y detenerse si la cosa está muy complicada. Si tú haces tu parte, no habrá ningún peligro.
