Siempre quise ser periodista, a pesar de los argumentos de mis familiares sobre lo peligroso, mal pagado y agobiante de la profesión, mi sueño era salir a la calle con cámara y micrófono a contar historias.
Un día de octubre del año 2016, después de algunos años trabajando como informático para una institución regional, me decidí a hacer unas pasantías en Radio Fe y Alegría Noticias… Y ahí quedé, encantado con la radio y todos los quehaceres radiofónicos.
Todo era emocionante: abrir el micrófono a las 5:00 de la mañana para empezar a hablar sobre los acontecimientos del día, salir a hablar con dirigentes políticos, ciudadanos y trabajadores para que dijeran lo que tenían que decir, llegar a redactar la noticia y editar el audio para el noticiero nacional y sentarte a escuchar el momento en que tu reporte salía al aire.
Lo que más disfrutaba era el hecho de que, por tratarse de una red de radios distribuidas por todo el país, la emisora celebraba de vez en cuando reuniones en otras localidades: capacitaciones, jornadas de trabajo, propuestas de nuevos proyectos, cualquier cosa que necesitara que nos escucháramos más de dos personas de distintas regiones.
Era una oportunidad excelente para conocer nuevos lugares y nuevas personas y de vivir experiencias que quizás en otros trabajos no habría podido vivir.
Pero pronto empecé a notar que algo no andaba bien. Con la aparición en la barriga de su mamá de mi querido Andrés, pronto me encontré perdiéndome momentos importantes de su gestación y crecimiento por cosas relacionadas con el trabajo. Una guardia sabatina que no podía faltar, una entrevista importante en la que tenía que estar presente “sí o sí”, o una noche de vigilia esperando los resultados de un polémico proceso electoral.
No estuve allí para escuchar por primera vez los latidos de su corazón, me perdí un par de citas importantes con su médico y pasé algún fin de semana lejos de ellos en alguno de esos viajes de capacitación.
Pero estaba bien, estaba creciendo profesionalmente, me decía yo.
Pero la pandemia lo cambió todo
Cuando llegó la pandemia, y empezamos a trabajar en remoto, me dí cuenta de que estaba realmente equivocado. Al verme en casa más tiempo, empecé a trabajar en otros proyectos y a darme cuenta de que el salario que percibía en la radio no era el mejor, pues ganaba más en casa.
Además, noté que pasaba mucho más tiempo con mi hijo, ahora con dos años, y empezaba a sentirme cada vez más a gusto compartiendo algunas tareas de su crianza con mamá. Era bonito poder trabajar y pasar unas horas con mi chamo revoloteando por ahí, o incluso poder dedicarme a otras cosas sin estar pendiente de “la pauta”.
La cuarentena me daba la posibilidad de conservar mi empleo mientras lo balanceaba con mis otros proyectos y con mi familia. Pero ya cada vez era más difícil llevar encima el micrófono para arriba y para abajo, estar pendiente de “pautar” a alguien o incluso hacer una guardia de fin de semana.
Total que a principios de 2022, decidí renunciar.
Ahora trabajo por mi cuenta en varios proyectos y he empezado a dar vida a mi propio negocio. Eso me ha dado la posibilidad de trabajar en lo que deseo y poder disfrutar de las tardes de música y natación con mi pequeño, de un fin de semana de películas, piscinada o videojuegos o de llevarlo al kinder en bicicleta sin estar pendiente del reporte matutino (que podía ser grabado, pero “siempre es mejor que sea en vivo”).
Y llegué a la conclusión de que sí, como dice mi colega Elena G Díez a Mar Manrique en Fleet Street:
Se debería conciliar mejor: para buscar temas y hacerlos, para estar presente cuando sucede algo, pero también para no perderte una cena, poder sacar a tu perro o ir al gimnasio sin ir con la lengua fuera o esperando una llamada que puede cortar la actividad que estás haciendo
Y es que todavía me gusta esa profesión. De hecho, estoy inventándome poco a poco un nuevo proyecto para ejercerla. Pero considero que debe haber una forma de que sea mejor remunerada y menos esclavizante. Que forme parte de tu vida, pero que no te chupe la vida.
Quizás esto de las Newsletters y el podcasting sea el camino. Un camino joven en mi país y en mi continente, pero al que le veo mucho sentido.
Y tú, ¿Eres periodista? ¿Has tenido alguna vez la misma inquietud?
