Durante la segunda década del siglo XX, la selección de fútbol de Uruguay fue un equipo imbatible. Ganó en suelo europeo las medallas de oro de los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928. En aquel entonces, el torneo olímpico era la máxima competencia del fútbol internacional.
Sin embargo, esto cambió cuando la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) decidió organizar el primer Campeonato Mundial de Fútbol. El pequeño país sudamericano fue designado como sede de dicho torneo, programado para 1930, justo el año en que la nacion sudamericana estaría celebrando el centenario de su independencia. El equipo charrúa obtuvo el título al vencer a su vecino y archirrival Argentina en la gran final.

El fútbol causaba un auténtico furor en la sociedad uruguaya. Sin embargo, había pocos campos disponibles, así que los niños y jóvenes usaban las canchas de baloncesto para improvisar sus partidos. Adicionalmente, durante los meses de invierno, los muchachos solían verse impedidos de practicar el deporte.
Entonces, Juan Carlos Ceriani, un profesor de educación física de la Asociación Cristiana de Jovenes, tuvo una idea que permitiría a los jóvenes mantenerse activos, creando una versión adaptada a las medidas de una cancha de baloncesto y que pudiera ser jugada bajo techo. Inicialmente habilitó las partidas con pelotas de softbol y dos banquitos como porterías.

El improvisado juego fue ganando popularidad entre los chicos, así que el Prof. Ceriani comenzó a redactar un reglamento a partir del de otros deportes: del fútbol tomó las reglas de jugar el balón con los pies, el gol y el saque lateral. Del baloncesto adoptó el número de jugadores, las faltas personales y colectivas y la duracion de los juegos. Del balonmano, la invalidez de goles dentro del area. Y del waterpolo, la normativa relacionada con el portero. En 1933, el Prof. Ceriani concluyó la redacción del reglamento. El nuevo deporte fue llamado «indoor foot-ball».
Los profesores de la Asociacion Cristiana de Jóvenes se encargaron de dar a conocer el deporte en nuevas ciudades y países. Uno de los principales destinos fue Brasil, llegando primero a São Paulo y Río de Janeiro, y luego diseminándose por todo el país en la década de 1940. En los lustros siguientes, en Brasil se dio un importante impulso a la masificación e institucionalización del deporte, donde se le llamó «futebol de salão». En 1958, se creó una comisión de fútbol de salón adscrita a la Confederación Brasileña de Deportes.

El deporte siguió su expansión hacia Paraguay y la Argentina, de mano de técnicos brasileños. En estos países y en Uruguay se crearon sus respectivas federaciones nacionales. En 1965, se conformó la Confederación Sudamericana de Fútbol de Salón, primer ente internacional del deporte. A continuacion se organizaron los primeros torneos sudamericanos, tanto de clubes como de selecciones.
En 1971, se creó la Federación Internacional de Fútbol de Salón (FIFUSA), siendo sus fundadores seis países sudamericanos y Portugal en representación de Europa. Su primer presidente fue el brasileño João Havelange. Durante esa década, el deporte conquistó casi la totalidad de Sudamérica, restando Venezuela, adonde llegó en la década de 1980.
La difusión en Europa fue más lenta. Sin embargo, a comienzos de la década de 1980, el deporte ya se había popularizado en los países latinos del viejo continente. En 1982, en España había dos millones de jugadores inscritos oficialmente. La expansión siguió hacia la Unión Soviética, Checoslovaquia y otros países de Europa del Este.
Ante este escenario, la FIFUSA organizó el primer Campeonato Mundial de la especialidad. Su sede fue Brasil. Fue un éxito en todos los aspectos. El campeón fue el país organizador. Sin embargo, los directivos de la FIFA no vieron con buenos ojos el desarrollo y madurez del fútbol de salón. Para ese entonces, João Havelange había pasado a ser presidente de la FIFA, y amenazó con absorber el fútbol de salón y realizar un campeonato paralelo.
El gigante del balompié cumplió sus amenazas: inició la práctica de una copia del deporte, a la que llamó «fútbol-cinco». Organizó su primer Campeonato Mundial en 1989 en Holanda.
FIFUSA siguió haciendo su trabajo de formar jugadores, técnicos y técnicos, así como captar nuevos territorios. Y siguió organizando torneos: en 1985 se disputó el segundo Campeonato Mundial en España, donde el deporte se denomina «fútbol sala». FIFA prohibió a FIFUSA el uso del término «fútbol», por lo cual, en este mundial FIFUSA acuñó el nombre «futsal». En 1988 se jugó el tercer Campeonato Mundial en Australia. En la final, Paraguay sorprendió a Brasil y ganó el título orbital.
FIFA propuso a FIFUSA una unificación. En 1989 se realizaron tres reuniones entre ambos entes, que hacían prever que la unificación sería un hecho. Sin embargo, en un congreso extraordinario de los miembros de FIFUSA, realizado en Madrid, sus afiliados decidieron mayoritariamente rechazar el acuerdo de integración.
Por su parte, FIFA siguió con su intención de absorber el fútbol de salón: usando su influencia, entorpeció la realización de los torneos organizados por FIFUSA. Ante la falta de atractivo de su fútbol-cinco, plagió progresivamente más reglas del fútbol de salón.
En 1990, luego de la derrota ante Paraguay en Australia, los directivos del fútbol de salón de Brasil, que antes habían defendido a ultranza al deporte ante las embestidas de la FIFA, decidieron cambiar de bando. El fútbol de salón perdió a su principal potencia.
La rivalidad entre FIFA y FIFUSA continuó. Luego de que el fútbol de salón formara parte de los Juegos Sudamericanos en Valencia 1994 y Cuenca 1998, FIFA movió sus influencias para retirar al deporte de su advesario de las próximas ediciones de los juegos e incluir el fútbol-cinco.
A finales de la década de 1990, FIFA propuso un nuevo acuerdo: FIFUSA se convertiría en una división de FIFA y mantendría la dirección del deporte. Sin embargo, el acuerdo volvió a fracasar. En 2002, FIFUSA pasó a llamarse la Asociación Mundial de Futsal (AMF). Ante el fracaso, FIFA mantuvo su arremetida, que incluyó el arrebato de los nombres «futsal» y «fútbol sala» (denominación que era usada en España).
En 2008, AMF siguió ganando la carrera, organizando el primer Campeonato Mundial Femenino en Reus, España. En 2013, inscribió el futsal como deporte de exhibición en los Juegos Mundiales de Cali.

Durante el siglo XXI, FIFA ha seguido usando su poder económico para expandir su copiada variante. En la otra acera, AMF sigue luchando ante su gigante rival por preservar el fútbol de salón original, independiente y universal, tal como lo solicitó el Prof. Ceriani a los difectivos de FIFUSA; luchando por impedir que el futsal sea tratado como una disciplina segundona del fútbol de campo; luchando por defender uno de los principales legados deportivos que Sudamérica ha dado al mundo.
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