Es 2007 en la prisión La Florida. Los presos duermen en una tranquila noche de invierno. El viento susurra las primeras notas de la medianoche de un viernes cualquiera. A lo lejos se escuchan los últimos pasos del guardia que termina la rutinaria visita nocturna a los pasillos y celdas. El último sonido, el chirrido de la reja que sella la ronda final para dar paso al silencio de los sueños.
El reloj marca el pesado tic-tac del segundero, el cual retumba por toda la prisión con su martilleo. El cukoo surrealista aparece indicando que son las 3:00 a.m. Los pasos arrastrados de un pesado cuerpo se escuchan en la distancia como el eco del llamado de una sirena desde las profundidades del mar.
John Gacy, un hombre corpulento de 23 años, acusado de haber asesinado a su esposa e hijo de 3 años, se encuentra en la dulce espera de su ejecución por inyección letal a las 5:00 p.m. de ese día 3 de enero. Reposa plácidamente en su celda en aislamiento, sin remordimiento, sin luz ni agua; solo una delgada manta que lo arropa mientras duerme profundamente en el frío suelo de su celda. Sueña lo mismo todas las noches, de esos sueños que siempre le arrancan una sonrisa y dulce carcajada: la repetida escena donde asesina con un cuchillo de caza a su esposa e hijo mientras duermen a su lado, un cuchillo que se pasea de un cuerpo a otro con precisión, profundidad y esa confianza que la verdad y la razón están de su lado: la muerte de los que te aman es más dulce y tierna que la de un desconocido.
Los pasos lentos y arrastrados del pesado cuerpo se vuelven más próximos. Ahora son acompañados por el silbido bellamente afinado de una canción infantil. Sin embargo, todo entra en silencio cuando el ser se detiene frente a la puerta de la celda de John. Inexplicablemente, y por primera vez después de 3 años en prisión, John se despierta con un sutil sudor frío en su nuca, uno de esos que hiela la sangre sin razón. De inmediato se sobresalta y siente una presencia desconocida en su celda. La oscuridad del inframundo en el que vive no le permite darse cuenta quien lo rodea, solo el movimiento errante del cuerpo que está cada vez más cerca y el dulce aroma a talco es lo que puede sentir. En ese momento, decide moverse, arrastrarse sobre el gélido suelo en busca de una esquina incierta, una que le de paz y seguridad. Siente que su celda se ha ensanchado más allá de los 2x2 metros que le dieron. Se sigue moviendo, pero no encuentra refugio; el miedo se apodera de él por primera vez en su vida. El silbido del extraño ser ahora le susurra al oído y una luz espectral muestra el rostro sonriente de un macabro payaso. El miedo ahora tiene rostro: es Ted Bundy, el payaso asesino que mató a 33 bebes en su ciudad natal en 1933.
En la mañana, a las 6:33 a.m., la pesada puerta de la celda de aislamiento de John se abre de forma chirriante y áspera. En ese momento el guardia grita, mientras se enciende la luz de la celda:
-¡John, te traje tu último desayuno… Espero lo disfrutes!
Sin encontrar respuesta, el guardia se aproxima al cuerpo cubierto por la manta y le da un empujón con el pie y le dice: - ¡Despiérta, tu hora está próxima! Al no encontrar respuesta, lo empuja con más fuerza, hasta que la manta se desliza y muestra el rostro sin vida de John. Le habían extraido los ojos y la lengua, las partes más blandas de su cabeza.
A los tres días en el informe policial solo se redactó lo siguiente:
John Gacy, hombre de 23 años de edad, acusado de la muerte de su esposa e hijo, murió bajo extrañas circunstancias aún sin esclarecer. Su muerte se atribuye al misterioso caso número 73 de un prisionero muerto en la prisión de La Florida durante su aislamiento, justo unas horas antes de su ejecución por inyección letal. Las pruebas muestran el modus operandi del asesino en serie Ted Bundy, conocido como el payaso asesino, supuestamente fallecido en 1933 durante una persecución policial, mientras corría intentando huir de los agentes para arrancarle los ojos y lengua a su víctima, un bebé de 3 meses de nacido. Jonh Gacy, descansa en paz.
Dulces sueños, querido lector
En la noche del viernes 18 de agosto del 2023


