La India es considerada por muchos uno de los grandes centros de espiritualidad en Asia, lugar en donde se dan cita diversas creencias desde hace varios siglos.
En su capital, Nueva Delhi, vive la dulce Twinkle Dwivedi de 8 años junto a sus padres, quienes decidieron migrar de la zona rural a esta gran y populosa ciudad en busca de mejores oportunidades. Un nuevo estilo de vida lejos de la ignorancia y superstición que rodea a los campesinos.
Los padres de Twinkle deseaban darle mejores oportunidades a su hija. Unas que ellos jamás tuvieron.
Por ello se esforzaban todos los días para mantener sus empleos y ofrecerle una buena educación en colegios de clase media.
El primer año transcurrió en relativa calma, con algún que otro sobresalto económico, pero después tuvieron la bendición de prosperar, consiguiendo un apartamento propio, carro e ingresos acordes al estilo de vida que buscaban lejos de la pobreza de su pueblo.
Sin embargo, dentro de poco la calma en la que vivían los Dwiedi se iba a terminar para siempre.
Estando en clases, Twinkle empezó a sangrar abundantemente por la nariz, hecho que asustó a sus compañeros y a la maestra, por lo que de inmediato llamaron a sus padres, quienes la llevaron al médico. Le hicieron varios estudios para descartar hemorragias de diversa índole. Los resultados de los exámenes habían sido infructuosos: Twinkle gozaba de buena salud y nada pudo explicar el extraño sangrado.
Siendo ya de noche, regresaron a su hogar para intentar descansar después de esta angustiante jornada, una llena de malos presagios.
A las 2:30 a.m. se escucharon extraños alaridos desde la habitación de Twinkle, unos acompañados por una lengua indescifrable y un tono de voz abominable, nada propio de una dulce niña de 8 años.
Cuando sus padres ingresaron a la habitación encontraron a su hija arrodillada y sollozando de dolor y miedo. De sus ojos, boca, nariz, pies y cuero cabelludo brotaba abundante sangre, sin explicación alguna. Twinkle miró fijamente a sus padres y les dijo en un balbuceo casi irreconocible: *
- Por favor, ayúdenme, no aguanto más.
De inmediato sus padres la internaron en el hospital y tuvieron que dejarla allí para realizar otros estudios que dieran con esta extraña reacción hemorrágica que casi le cuesta la vida a su hija. ¡Había perdido la mitad de su sangre! Los médicos no podían explicar lo que estaba pasando, temían lo peor ante un estado sin posibilidad de diagnóstico alguno.
El sufrimiento se instaló en el hogar de los Dwiedi. Tuvieron que retirar a su hija del colegio y su madre abandonó su empleo para cuidar de ella, mientras estaba acostada en la cama del hospital bajo constantes transfusiones de sangre. Los brotes se mantenían con distintas intensidades.
Nada había preparado a los padres ante lo que estaban viviendo. Una historia propia de esas que tanto escucharon en su pueblo, una llena de supersticiones. Aquellas de las que habían huido para vivir bajo los avances de la modernidad, en las que no creían en la espiritualidad, ni mucho menos la oración como formas de curación o salvación.
Después de tres meses, milagrosamente los brotes se detuvieron y Twinkle pudo regresar a su hogar, con la esperanza de volver a la vida de una niña de 8 años.
A pesar de esta aparente vuelta a la calma, lo peor estaba por llegar.
La noche del viernes 13 de julio, los padres se sobresaltaron ante los gritos llenos de agonía de su hija, por lo que de inmediato decidieron correr a su habitación para ayudar a Twinkle. Pero lo que vieron no era de este mundo: de las paredes del cuarto de la niña estaban brotando ríos de sangre, todos los objetos habían sido invertidos y dispuestos en un lugar diferente de la habitación y un olor fétido impregnaba todo el espacio, siendo su hija la imagen más grotesca. Su rostro era irreconocible, lleno de llagas sangrantes, ojos invertidos y un cuerpo desnudo cubierto de laceraciones de las que emanaban sangre y pus. La voz gutural, que no era de su hija, les dijo:
- Ahora es mía.
De inmediato un cuchillo cortó de punta a punta el cuello acabando con la vida de Twinkle.
Después de esto sus padres se sumieron en una profunda depresión. Lo último que se supo fue que la madre se suicidó ante la pérdida de su hija, mientras que al padre se le ha visto deambular por las calles de Nueva Delhi, casi irreconocible, en un estado de locura, hurgando en la basura y caminando sin rumbo, dicen, poseído por el recuerdo de las almas que no pudo salvar.
Los más ancianos del pueblo originario de los Dwiedi, decían que los espíritus del mal se habían obsesionado con ella y deseaban contar con su sufrimiento para mantenerse con vida en esta dimensión terrenal. Una vez agotado el cuerpo de la niña, fue sacrificado como parte de su pacto con el demonio para proseguir con su existencia.
Ahora el alma de Twinkle no tendrá reposo en su eterna agonía en la luz de la oscuridad.


