Identidad y privacidad. Dos caras de la misma moneda

Identidad y privacidad. Dos caras de la misma moneda

Proteja su identidad y privacidad en Internet conociendo los riesgos y aplicando medidas de protección de la intimidad, porque la privacidad es esencial.

January 19, 2024· 6 min read
153 score

Imagina que llegas al aeropuerto de tu país después de un viaje. En el control de migración toman tus datos biométricos y los cruzan con los datos de tu documento registrado en el sistema.

Mientras transitas del aeropuerto a tu casa, las cámaras de vigilancia de la ciudad observan tus movimientos.

Llegas a tu casa y te conectas a internet para revisar tu correo, responder mensajes, revisar los comentarios a los posts de tu viaje publicados en las redes sociales, hacer búsquedas de lo que comerás esta noche o cómo curarte un malestar.

Todos estos datos, más los metadatos añadidos, se recopilan, registran, almacenan y analizan por parte de gobiernos y empresas privadas con distintos fines: publicitarios unos, de identificación, autenticación y autorización otros.

Al final, estas empresas y gobiernos pueden conocer hábitos de consumo, ideología, inclinación sexual, creencia religiosa, tus amistades, familia, salud, gustos, qué piensas o dices, así como dónde vives y trabajas, entre muchas otras cosas.

Todo esto es posible gracias a la cantidad de información que compartes con ellos sin preguntarte cuándo, cómo y para qué se usan estos datos. Sin preguntarte en qué momento se amarró tu cuerpo físico a tu identidad digital. Pero, sobre todo, cuándo decidiste renunciar a tu derecho a la privacidad para que todos los aspectos de tu identidad estuvieran al alcance de cualquiera.

Podrás pensar que esto no importa, es normal, ya que hoy en día no hay nada privado con internet como parte vital de nuestra vida.

Sin embargo, ¿qué ocurriría si por renunciar a tu privacidad tu vida se ve amenazada?

Somos lo que hacemos en internet

En nuestra sociedad digital se ha “normalizado” el consumo frecuente de anuncios personalizados y el uso de los datos biométricos, y de otra índole, para acceder a nuestros dispositivos, viajar, comprar, retirar dinero, trabajar, relacionarnos socialmente y mucho más.

El primer caso, los anuncios, es el resultado de la entrega consciente o inconsciente de nuestros datos y metadatos al registrarnos en múltiples plataformas, hacer búsquedas, publicar en las redes sociales, comunicarnos por mensajería no cifrada de extremo a extremo y compartir información personal.

El segundo caso, los datos biométricos, lo hacemos por abrazar la modernización tecnológica de los gobiernos y la facilidad de compra o acceso a nuestros dispositivos.
No voy a negar que los avances de los últimos treinta años han facilitado enormemente nuestra vida, pero, ¿a qué costo?

Aceptamos de buena fe que todos estos datos serán usados para cumplir con las leyes de nuestro país, brindarnos una mejor seguridad o ayudarnos a hacer nuestra vida más fácil.
Aunque así debería ser, no siempre ocurre de esta manera.

En Suecia, entre el 2022 y el 2023, ocurrieron actos criminales que pusieron en peligro la vida de varios bitcoiners.

Esto se debe al hecho de que en ese país es obligatorio hacer pública la información sobre la declaración de impuestos de cada ciudadano sueco, lo que incluye su nombre y la dirección donde viven. La intención: ofrecer transparencia y evitar tanto actos de corrupción como de evasión fiscal, lavado de dinero, entre otros delitos.

Lamentablemente, muchos bitcoiners que llevan una vida pública y mediática se convirtieron en el blanco de criminales que buscaron en internet toda esta información de acceso público.

Una vez teniendo a su alcance los datos necesarios, procedieron a secuestrar y torturar a estas personas, con el fin de robarles sus BTC.
En otras palabras, las víctimas renunciaron a cosas que son privadas para cumplir con las leyes de su país.

Esto es solo una muestra de cómo la privacidad está tan estrechamente vinculada a nuestra identidad y que su renuncia implica ponernos en peligro tanto a nosotros como a nuestro entorno social más cercano (familiares, amigos, compañeros de trabajo).

Es por ello, que solemos pensar en la privacidad solo cuando está amenazada.

La privacidad no es anonimato, pero es selectiva

Tenemos todo el derecho a elegir qué deseamos que sea visto por los demás y qué no.
La privacidad es el espacio que cada quien tiene para explorar y definir gustos, revisar sus creencias, proteger su seguridad, aprovechar su soledad o simplemente no ser vigilado.

La privacidad es la capacidad de revelarse selectivamente al mundo y está basada en la dignidad y el consentimiento.

Mientras que la identidad no es solo lo que yo defino y guardo para mí, sino también todas esas características que otro recoge para definirme.

La información que otros recogen de ti, de mí, de todos, se puede usar para cosas buenas, pero también para cosas siniestras. Nada es inherentemente bueno, ni inherentemente malo. Depende de cómo se usa dicha información y se aplica a nuestro contexto específico.

Por esta razón, es fundamental que este escenario esté vigilado por nosotros de forma constante. Si no estamos pendientes, no hay manera de saber que se está procediendo de la mejor manera posible en el resguardo y respeto de nuestra privacidad.

Una forma de comenzar a integrar buenos hábitos en nuestra vida digital es implementar cambios tanto en las herramientas que usamos como en las prácticas.
Aquí te dejo algunas sugerencias:

  • Usa un navegador que respete tu privacidad (Brave, Vivaldi, Firefox)
  • Usa buscadores orientados a la privacidad (Startpage, Qwant, Presearch, DuckDuckGo)
  • Ajusta las configuraciones de privacidad de las redes sociales que usas
  • Usa servicios de mensajería con cifrado de extremo a extremo para tus comunicaciones sensibles (personales, financieras, etc.): Signal, Element, Session
  • Ajusta las configuraciones de privacidad y seguridad de tu teléfono móvil
  • Evita compartir información personal en tus redes sociales: dónde vives, trabajas, comes, vas de vacaciones o de fiesta, quiénes son tus amigos y familiares. Menos publicaciones en tiempo real. No hagas una bitácora de tu vida en las redes sociales
  • Bajo ninguna circunstancia compartas datos como número de teléfono o direcciones de vivienda y trabajo
  • Pide permiso a tus amigos para publicar una foto que te hayas tomado con ellos; sobre todo si hay menores de edad
  • Usa una VPN (Proton VPN) para navegar de forma privada y segura, evitando la mirada indiscreta de terceros no autorizados por ti
  • Cambia tu servicio de correo Gmail o Outlook por otro respetuoso de la privacidad (Proton Mail o Tuta). Proton también incluye otros servicios como almacenamiento en la nube privado (Proton Drive) y calendario privado (Proton Calendar)
  • Usa un gestor de contraseñas para generar y almacenar de forma segura las mismas (Bitwarden, Proton Pass)
  • Usa un segundo factor de autenticación (2FA) para acceder a tus cuentas de correo y redes sociales como una segunda capa de seguridad (Google Authenticator, Authy, Aegis)

Estas son solo algunas recomendaciones que puedes ir implementando de forma progresiva para mejorar tu privacidad.

Esto mejorará significativamente los peligros cotidianos a los que nos exponemos. De no implementarlos, siempre habrá algún riesgo latente, lo que podría no solo amenazar tu seguridad física y emocional, sino también la de tus seres queridos, ya que la privacidad es un asunto colectivo.

Para ampliar la reflexión del día de hoy, te invito a escuchar el podcast de la Fundación Karisma: Identidad Digital – Yo humano y yo digital

En una próxima entrega, seguiré compartiendo contigo más información sobre privacidad y seguridad digital.

Mientras tanto, déjame en los comentarios tus preguntas o impresiones sobre el tema tratado hoy y sobre qué otros aspectos te gustaría que escriba en mis próximas publicaciones.

Related Articles