La privacidad es un tema de debate en ciertas sociedades preocupadas por los derechos humanos fundamentales. En otras se da por sentado, a pesar de que no hay un marco jurídico o se piensa que está garantizada porque alguien nos la prometió.
En muchos otros casos, la privacidad no es una prioridad, dado que hay otras necesidades básicas no satisfechas. Una circunstancia que pone en peligro libertades humanas básicas.
Quizá, eres de los que sabe que la privacidad en el mundo digital es importante, pero sobre todo necesaria.
Sin embargo, has decidido que no vale la pena luchar por ella, dado que ya no hay nada que puedas hacer. Dices: «Todo está perdido; las grandes corporaciones y gobiernos lo saben todo de nosotros. No hay un refugio seguro para las miradas indiscretas, ni nada que podamos proteger. La privacidad ha muerto».
Este es un clásico nihilismo de la privacidad, la sensación de un vacío, de la nada abarcándolo todo a tu alrededor.
A pesar de esto, son miles las personas (activistas) y organizaciones sin fines de lucro (por ejemplo, la Electronic Frontier Foundation), quienes están luchando todos los días por defender este derecho para todos nosotros.
De hecho, si no fuera por estos activistas y organizaciones no existiría el HTTPS (conexiones cifradas y seguras en Internet), las VPN, las aplicaciones de mensajería como WhatsApp, Signal o Telegram, por solo mencionar las más populares. Ni mucho menos la implementación y mejora continua de leyes como el RGPD (Reglamento General de Protección de Datos en Europa) o la CCPA (Ley de Privacidad del Consumidor de California), ni tantas otras leyes que se han promulgado los últimos años, así como otras en estudio.
La privacidad es una tendencia creciente. Esto se evidencia en la creciente industria alrededor de navegadores (Brave, Tor, Vivaldi, Firefox, etc.), buscadores (Startpage, Brave, Qwant, DuckDuckGo, etc.), VPN (Proton VPN, Mullvad, Nym, etc.), bloqueadores de anuncios y rastreadores (DuckduckGo, Adblock, uBlock, etc.), monedas de privacidad financiera (Zcash, Monero, etc.), servicios de correo cifrado (Proton Mail, Mailfence, Tuta, etc.), gestores de contraseñas (Bitwarden, Proton Pass, etc.) y muchos otros servicios.
La principal razón por la que esto está ocurriendo, es por las denuncias que han realizado personas como Edward Snowden sobre programas de vigilancia masiva, así como diversos casos de recopilación y uso de datos poco ético por parte de grandes empresas tecnológicas (Google, Meta, Amazon, Apple, Microsoft), las cuales perjudican nuestra toma de decisiones, ideas e incluso consumo de productos y servicios. Todo esto en beneficio de unos pocos, mientras se perjudica a millones de personas a lo largo del mundo, la mayoría de las veces sin su consentimiento consciente.
Seguro no eres la misma persona si sabes que algún extraño te mira mientras te duchas, o escucha cuando hablas sobre algo íntimo con otros. Seguro, no te comportas igual si sabes que alguien puede predecir tu comportamiento e incluso tus decisiones. Seguro, te gustaría tener la libertad de elegir, crear, planear y llevar a cabo tus proyectos profesionales y personales sin que otros sigan cada paso de lo que haces, ni mucho menos interfieran en lo que decides hacer.
En otras palabras, eres una persona celosa de tu derecho a la privacidad, a elegir quién, cuándo y en qué momento tiene acceso a tus pensamientos, emociones y planes. Eres de los que elige de forma selectiva si comparte o no cualquier aspecto de su vida con otros. No quieres ser una ventana abierta, una pantalla de cine pública en la que cualquiera pueda husmear 24/7 sin tu consentimiento.
Al fin y al cabo, se trata de tu derecho a la soberanía individual y la dignidad humana que te caracteriza.
Es en este momento cuando entiendes que la necesidad de la privacidad es más valiosa para tu existencia, y la de quienes te rodean, que la entrega total de tu vida a extraños, quienes decidirán por ti lo que debes hacer, pensar o sentir.
Si la lucha por hacer valer tu derecho a la privacidad estuviera perdida, no tuviera razón de ser, fuera un sin sentido, estoy seguro de que entregarías a cualquier persona el usuario y contraseña de tu correo electrónico. Les darías las llaves de tu casa para que husmearan con confianza, e incluso les entregarías tu teléfono con acceso total a su contenido para que te conocieran más de cerca. Total, no tienes nada que esconder, eres una ventana abierta, ya que la lucha por la privacidad está perdida, dado que esta ya murió.
Sé, al igual que tú, que esto no es cierto. La privacidad, hoy más que nunca, es nuestro derecho más preciado para construir una sociedad más justa, equitativa y libre. Un mundo con menor discriminación. Un entorno de diálogo sincero y abierto, en el que se juzgue más por las ideas, que por quienes los demás creen que somos por acceder a detalles íntimos de nuestra vida.
La privacidad es un proceso en constante construcción, debate y lucha por hacer valer este derecho. Depende enteramente de nuestra evaluación de qué necesitamos mantener de forma privada, de quién necesitamos hacerlo, qué estamos dispuestos a hacer y qué consecuencias estaríamos dispuestos a asumir de no hacerlo.
La privacidad no está muerta, solo es una falsa impresión que algunos quieren crear para que abandonemos nuestro derecho humano fundamental y entreguemos sin resistencia todo lo que nos piden.
La privacidad está más viva que nunca.

Imagen creada por IA con Copilot

