Anonimato digital, ¿mito o realidad?

Anonimato digital, ¿mito o realidad?

Una exploración del anonimato digital, sus retos e implicaciones en la sociedad hiperdigital actual.

September 20, 2024· 4 min read
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En la era de la realidad hiperdigital se habla mucho de dos derechos humanos como son la privacidad y seguridad. Ambos son interdependientes, no pueden existir el uno sin el otro, por lo que son muchas las organizaciones, activistas y gobiernos que discuten estos temas en distintos ámbitos de la ciberseguridad, el derecho, la economía y la política para su aplicación en Internet.

Sin embargo, hay otro aspecto que forma parte de este entorno, el cual es poco debatido a diferencia de los otros dos: el anonimato digital. Un término que es visto muchas veces con malos ojos por el uso que se le ha dado en la web por parte de criminales o como un aspecto esencial en esta defensa de los derechos humanos para ciertos tipos de personas que lo necesitan.

Dados los avances en la vigilancia, recopilación y análisis de datos, ¿será posible acceder a un anonimato real, o es solo un mito?

Explicado de forma simple, el anonimato es cuando no puedes identificar a una persona, pero sí ver sus acciones.

Imagina un grafitero creando su arte urbano de noche en las grandes ciudades, burlando las cámaras de vigilancia con su vestimenta y movimientos. Podemos ver claramente lo que está haciendo a través de dichas cámaras, o ha hecho si pasamos un tiempo después por el lugar en el que ha dejado su huella. Pero nunca veremos su rostro, por lo que no podremos asociarlo a una identidad real.

Es así como nacen muchos imaginarios alrededor de personas con seudónimos. En el caso del grafitero, puedes pensar en el artista Bansky.

A lo largo de la historia han surgido muchas personas anónimas, quienes con sus ideas y acciones han impactado de muchas formas en la vida de la humanidad.

Sin embargo, cuando hablamos de anonimato digital, esto puede cambiar drásticamente.

Es tanta la cantidad de datos que vamos dejando en miles de servidores a lo largo del planeta, que es difícil, si no imposible, construir un real anonimato en Internet. Diría que en realidad es un pseudo anonimato.

Ello gracias a los rastreadores, las cookies, la caché, la telemetría, cámaras de vigilancia, GPS, antenas de telefonía, bluetooth, Wi-Fi y el hardware de nuestros dispositivos, encargados de recabar información personal y financiera para identificarnos de forma precisa. Esto crea perfiles, huellas digitales únicas de nosotros en la red, muchas veces sin nuestro conocimiento, ni consentimiento.

Tampoco olvidemos lo que nosotros otorgamos de forma consciente a los sitios web para que nos identifiquen con facilidad al momento de solicitar un servicio o producto.

Todo esto, más algunas condiciones técnicas adicionales, puede casar nuestra identidad real con la identidad digital aparentemente anónima, conociendo de forma exacta nuestras preferencias sociales, religiosas, sexuales y políticas, así como hábitos de consumo, comportamiento y pensamientos, hasta el punto de llegar a predecir estos. A largo plazo, las empresas y gobiernos pueden usar esta información para influir en nuestra toma de decisiones y comportamiento.

Basta esto, más algunos descuidos al momento de tratar de crear una identidad anónima, para que sea sumamente fácil identificarnos, descubriendo en algún momento que Pepe es en realidad Rosa de los Pepitos. Ya no se trata de si lo lograrán, sino cuándo. Es cuestión de tiempo.

La privacidad es uno de los derechos humanos más debatidos y defendidos hoy en día como resultado de nuestra sociedad hiperdigital. Es difícil, pero no imposible, hacer valer este derecho con buenas prácticas y herramientas ajustadas a cada caso a través del modelado de amenazas o evaluación de riesgos.

Sin embargo, el anonimato digital requiere de acciones y comportamientos que superan al usuario promedio, y se convierte en un terreno espinoso por la cantidad de complejos elementos a considerar. Basta un pequeño error en lo que decimos (o cómo lo decimos) y lo que hacemos, para ser descubiertos por personas con las suficientes habilidades técnicas para lograrlo. E incluso por algún buen observador.

Crear una identidad anónima es fácil, pero mantenerla es difícil, dada la cantidad de empresas, gobiernos y personas trabajando para erosionar la privacidad.

En este punto te preguntarás: ¿quién y para qué necesita anonimato si no es un criminal?

Como cualquier creación humana, el anonimato puede ser usada por los malos, pero también por los buenos como tú o yo. Existen muchos casos de víctimas de tortura, violaciones, activistas, periodistas, investigadores, abogados, informantes, perseguidos políticos, entre otros, que necesitan ser anónimos para resguardar su seguridad física y emocional. Pero también la de su círculo social más cercano (amigos, familiares, compañeros de trabajo, etc.).

Para conseguir un cierto nivel de anonimato, estas personas necesitan aprender dos cosas esenciales:

  1. Crear una nueva identidad digital divorciada de su pasado en la red. Esto requiere tanto conocimientos técnicos básicos como una higiene digital constante
  2. Gestionar su nueva identidad sin la replicación de conductas pasadas

Claro está, también se debe aprender a esquivar la recopilación de datos y la creación de una huella digital asociada a su nueva identidad.

Todo esto viene acompañado de interminables horas de estudio, asesoría y documentación. Además de adaptarse a nuevos escenarios tecnológicos que avanzan año tras año para mejorar la identificación de perfiles digitales con usuarios reales. Con más razón ahora que llegó la IA.

A pesar de este posible oscuro escenario, no te quiero desanimar, querido lector. El anonimato es, quizá, una ficción más que una realidad. Pero no un hecho imposible de llevar a cabo si tomas el camino correcto del aprendizaje y la acción.

Al final, no depende de ninguna predicción humana o artificial, sino de un conjunto de toma de decisiones, lo que puede marcar la diferencia entre anonimato o no anonimato. La última palabra la tienes tú.

Sirva esta breve reflexión para animarte a conocer más sobre el anonimato digital.

¡Mantente soberano y libre!

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