A todas las personas les cambió la vida en algo la pandemia. Eso está muy claro. Y es que no estaba absolutamente en nuestro radar que pasaríamos un largo, largo período de tiempo enfrentándonos con un “bicho” desconocido, sin saber qué hacer, ni cuánto duraría y mucho menos qué podíamos hacer mientras eso pasaba.
Para mí el choque no fue tan grave porque hacía mucho tiempo que trabajaba desde casa como freelancer digital. Uno de mis clientes prácticamente se detuvo, mientras otro vió en esto una gran oportunidad para desarrollar un programa educativo que siempre había pospuesto. ¡Le llegó su momento! Y gracias a eso, no me quedé tan mirando para el techo. Sin nada que hacer.
Claro que tenía mucho miedo. Me preguntaba entre muchas otras cosas cómo íbamos hacer para lidiar con una emergencia de este tipo si nuestra infraestructura hospitalaria era tan precaria y al mismo tiempo si nuestra actitud cada vez que hay una crisis es de no hacer caso, ni mucho menos cuidarnos.
¿Mi válvula de escape? La de siempre, ¡cocinar!
Resulta que como muchos, en la vida me he planteado metas o acciones que cuando llegaba diciembre, siempre me lamentaba de no haberlas hecho. Así que por enésima vez, a finales del 2019 me enrumbaba a planificar de nuevo. Tomando un nuevo aliento, a ver si así cumplía.
Gracias a la divina providencia en enero siguiente hice un curso de iniciación a la panadería, porque era materia pendiente. Y eso, de alguna manera me acercó de nuevo a las masas y a los postres. Por supuesto, fiebrúa como estaba (Es decir, emocionada para los no venezolanos), el encierro me favoreció para experimentar.
Mi cocina como laboratorio
Me hice experta en hacer comidas básicas, con los insumos que tenía en la despensa. Una chef que recordé en estos días, Narda Lepes, ayudó a su audiencia en justamente hacer preparaciones creativas con lo que tenían en el “refri” para salir lo menos posible.
Su sugerencia me resultó y eso me emocionó. Así que de esa época, ya que te compartí mi fabulosa torta de pan, surgió un postre que yo bauticé con este nombre: “Torta melosa de pasta”… Porque se hace con la pasta de sémola, italiana (spaguetti, rigattone, coditos, la que sea). Y los resultados allí los ves. Es una variante interesante con una textura más cremosa que la que publiqué aquí.
También como otros estudié como loca
De esos cursos, “liberados” (o gratuitos) hice muchísimos. Uno de ellos era para hacer infografías. Así que hacer esta torta va a ser bellamente ilustrado en un diagrama, lo entenderás mejor y luego, te doy los acostumbrados hacks o tips.
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Así de fácil es y no lo podrás creer: Mi versión de la torta melosa de pasta
Responsablemente te tengo que decir que la saqué de un recetario digital que hizo mi amigo tuitero Jorge Eliézer Gaitán. De él también aprendí a hacer los pancitos “chinos”, esos que nos suelen servir en los restaurantes. ¡Salen igualitos! Así que si te animas, busca en su blog la receta y hazla también.
En realidad es ganadero y veterinario, pero hace comidas de ensueño y con ingredientes muy frescos… recién cosechados. En esa época fue tremenda su influencia en mí.
Mis infaltables tips
Demás está decirles que estoy a la orden para cualquier pregunta que quieran hacer sobre esto. Sé que tendrías muchas dudas de saber, cómo es posible que se pueda hacer una torta con pasta de sémola. Realmente yo lo hice porque tenía bastante pasta en la alacena y también para retarme, solo por curiosidad. Importante que sigas los trucos, para tener un buen resultado.

- Destruye la pasta con la cocción. Mientras más blanda sea, tu licuadora te lo agradecerá. Por esa misma razón, tal vez quede recrecida por el agua, chiclosa y húmeda (aún colándola). No te preocupes, así es que es perfecta para procesar.
- Como la pasta quedará muy floja y dependiendo del tipo que sea, ve dosificando la leche que incorpores. Puede ser que requiera menos. La mezcla debe ser espesa, más o menos como una chicha o carato. Así que si ves que ya está así, no le pongas más. Y por el contrario, si a la licuadora le cuesta trabajar, ponle un poquito más o divide el licuado para procesar mejor.
- El caramelo ha de estar ya frío y duro. Este detalle muy obvio para algunos, he visto que algunas recetas lo omiten. Este sería el orden: Cocina la pasta. Cuela, reserva y deja enfriar. Haz el caramelo, fundiendo azúcar en agua. Menea con cuidado y cuando tome el color característico haz que cubra el molde y luego quieto. Procesa la mezcla y allí si para el molde con el caramelo.
- Precalienta el horno y el agua. Como se hace en “baño de maría” tanto el horno como el agua que le coloques en el otro envase debe estar caliente. Después de la hora ve chequeando con un palillo y muy pendiente de que tenga suficiente agua. Agrega más si es necesario.
Si la haces, reta a las personas que te digan los ingredientes. ¡Jamás averiguarán que no es de pan! Y te divertirás mucho con las respuestas. Si la publicas, agradeceré la referencia y la etiqueta. Soy SheEmprende en casi todas las redes. ¡Buen provecho!
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