Hoy vamos a variar un poco la cosa, porque no quiero que se me pongan gordos de tanto comer dulce.
Y bueno, así descansa un poquito mi cabeza, porque con la comida salada y todo lo que tiene que ver con eventos y banquetes fluyo más.
Para mí es más sencillo, puesto que no estás con la camisa de fuerza del peso y las medidas sin lo cual todo lo que hagas es repostería y panadería es un completo desastre.
Te cuento un poco sobre el pescado
He visto que a mucha gente no le gusta comer el pescado porque les da miedo desde el momento de comprarlo. Yo soy oriental, pero no de costa, así que no distingo las especies al verlas -me falta un entrenamiento intensivo con mi mamá-.
Sin embargo ella me dio tres interesantes consejos para salir ileso y comprobar su frescura, que es lo más importante.
- Un pescado fresco no tiene olor fuerte. Eso que se va percibiendo en el olfato, es producto de su oxidación por exposición a una temperatura que no lo conserva y a veces falta de higiene. Por eso huye de los negocios que huelen así.
- Los ojos deben estar casi como "vivos". No hundidos, ni nada de eso.
- La piel es brillante debido a las escamas. Esto no se percibe cuando han estado congelados. Si no conoces mucho, mejor no arriesgarse.
Así que una vez seguido estos detalles, lo que han de buscar es su pescadero de confianza que les diga como preparar mejor lo que se están llevando a casa.
Un día me regalaron una bolsa de lebranches, que es un pescado algo grande, de escama muy gruesa pero con bastante carne que la gente suele hornear. Allí pude experimentar y variar combinaciones de verduras hasta que hice esta versión que con todo gusto te traigo hoy.
Puedes hacerlo más sencillo... Con papa, auyama y cebollín estará muy bien. Solo que este lo hice para el último cumpleaños de mi tía madrina aquí en la tierra. Así que tiene sin duda un significado especial.
Al horno y además en hoja de plátano
Quise hacer una recreación de cuando los pescadores cocinan esto a una brasa muy tímida, envuelta en hoja de cambur o plátano y es absolutamente glorioso. ¡Te comparto los truquitos!
- Haz un sofrito: con cebollín o ajo porro (este último me gusta más, la parte blanca y de lo verde lo más tierno) ají dulce rojo y pimentón morrón (verdirojo). Picar a lo largo o como dicen los chef, en julianas o bastoncitos. Cuando sofríes, sirve para intensificar su sabor. Pero no es indispensable.
- Si dentro de las verduras, tu elección es zanahoria, cocina un poco primero picada en rueditas. Unos cinco minutos en agua caliente con sal es suficiente.
- Corta en ruedas finas la papa y coloca en un bawl para sazonar con sal, pimienta, comino y un toque de aceite de oliva.
Ya tienes todo esto listo para cubrir el pescado que le pides al señor pescadero que lo abra, le deje el espinazo.Le explicas que es para el horno. Ese hueso sale entero cuando ya está cocido, así que no te preocupes.
Lo sazonas con sal, ajo en polvo y limón, los tres acompañantes perfectos e infaltables de un buen pescado.

En esta edición especial, si lo ves en las fotos tiene hoja de plátano en la base y para cubrir. Luego de igual manera papel de aluminio encima para que esa hoja contribuya con el vapor y los jugos que genera la cocción. Si no, se tuesta y no aporta sabor. Me pasó, pero me salvé porque le puse hoja abajo.
En 160° y máximo media hora bastará para el resultado espectacular. Puedes acompañar con arroz blanco. El aroma es increíble y la piel no se come, pero con la espátula con que lo sacas apartas el espinazo y todo lo demás se despega muy fácil .
¡Ay! Pero yo no tengo horno ni bandeja Sheila
Que no panda el cúnico decía el Chapulín. Escríbeme y te digo cómo hacerlo con un pescado más pequeño y en sartén. ¡Y también queda espectacular!
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Por ejemplo, en ese espacio algún diciembre compartí en #SeHablaNavideño cuatro íconos de nuestra mesa de pascua. Eso también te va a gustar.
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