
En mi caso no, no es muy factible que digamos, tener un horario definido cada día.
Entre las variaciones de mi agenda de trabajo, las actividades adicionales que se presentan, los cambios de planificación, más los hábitos que son fundamentales para mi, el colocar horas específicas a cada actividad recurrente no me funciona.
Digamos que uno de mis objetivos diarios es llegar al final de la jornada, con una sensación de equilibrio entre mi bienestar personal y el cumplimiento de las responsabilidades que he adquirido.
Aquí se definen mi autocuidado y mi trabajo, así que, considerando los cambios que se presentan en el segundo, aún cuando trabajo de forma independiente, no me es factible mantener continuamente los horarios de lo primero.
Adicional a eso, la monotonía me juega en contra, por lo que cada cierto tiempo considero refrescante variar la dinámica del día a día.
Mis energías van cambiando también y mi atención se va enfocando con mayor intensidad en ciertas actividades, todo esto en constante variación.
No tanto por mi estado de ánimo (aunque a veces influye) sino, por cómo se va dando todo a lo largo del día, puede que mi intención inicial sea una y esta, termine por cambiar mientras el tiempo va transcurriendo.

Al organizarnos podemos tener tiempo para todo lo que queremos y debemos hacer, revisando primeramente lo que funciona para cada uno.
En algún momento escuché una frase que decía: “No midas tu vida con la regla de alguien más”; creo que es una frase muy acertada y aplicable a todas las áreas de nuestra vida.
Porque, si como yo, necesitas cambios para mantenerte en un transitar constante hacia tus metas personales, es difícil tomar como guía perpetua la planificación de otros.
La cuestión es conocer lo que funciona o no para ti.
Así que, cuéntame ¿te llevas bien con los horarios definidos o prefieres las variaciones?

