Hace un par de semanas pude salir de la rutina y fui con mi familia a despejar la mente a la playa de río. Hay algo de corriente y oleaje muy suave, pero el agua se siente tan tranquila y calmada que es segura hasta para los niños. Este tipo de paseos me encantan, ya que siento que son necesarios para desestresarnos y más aún después de unos meses difíciles en los que mi hijo estuvo muy enfermo por neumonía y pasó varias semanas sin salir a entretenerse en zonas naturales.

Preparamos todo desde temprano: la cava bien fría con las bebidas, la parrilla lista para armar el almuerzo a la orilla del agua. Al llegar tan temprano estábamos solos y el ambiente no podía estar mejor; lo primero que hicimos fue comer unos pastelitos y frutas en el desayuno. El agua estaba en su punto, ideal para quitarse el calor, y el paisaje alrededor te llena de una tranquilidad difícil de encontrar en la ciudad. A pesar de que dicho campamento está cerca de la ciudad, hay que adentrarse en una carretera de tierra algo compleja, pero aún así vale totalmente la pena.
Pasamos horas entre el agua y la orilla. Disfrutamos un montón nadando, corriendo por la arena y los niños jugando sin parar, mientras los adultos aprovechábamos para relajarnos, conversar un rato y desconectarnos del teléfono y del trabajo. Al mediodía sacamos la comida y encendimos el carbón para la parrilla; esa comida al aire libre, con el ambiente tranquilo de fondo, con poco ruido y con la gente que quieres al lado, siempre sabe mejor.

Ya durante la tarde, antes de que el sol empezara a caer, fuimos a la piscina. Casi dos horas más tarde nos quedamos un momento contemplando el atardecer sobre el río antes de irnos, comimos el postre y luego terminamos de recoger todo. Regresamos a casa bastante cansados, no lo voy a negar, pero con la energía totalmente renovada y el corazón contento por las emociones, y recuerdos que creamos juntos.

El sitio es genial, hay muchas cosas interesantes de las cuales disfrutar dentro del campamento. A veces no se necesitan grandes planes ni viajes complicados para pasarla bien; un día sencillo de río, buena compañía y naturaleza es más que suficiente para recargar energía y sentirnos renovados.

