En tiempo, siempre queremos que esté a nuestro favor; que se alinee con nuestras tareas pendientes, con nuestras metas, con lo que imaginamos o creemos que debería pasar. Pero cuando organizamos el tiempo, nos da la impresión de que todo será perfecto; al escribirlo todo en nuestra agenda, parece que todo estuviera bajo control; es como si el orden nos garantizara que nada se nos saldrá de las manos.

Al principio, todo puede marchar bien; hay una especie de sensación de comodidad cuando el plan encaja, cuando todo parece que obedece nuestras órdenes. Pero siempre puede ocurrir algo imprevisto; a veces es una interrupción mínima: una llamada, una visita, una falla de energía eléctrica; son momentos cortos que no influyen tanto, porque nos permiten recuperar la planificación previa; es como si nos tomáramos un pequeño descanso, pero el día siguiera caminando rumbo a lo planeado.
Lo peor es cuando el tiempo se ve afectado por algo más grave, es decir, circunstancias que no se pueden mover de lugar; son problemas que no caben en la agenda. Entonces uno se da cuenta de que no era solo cuestión de organizar. Era cuestión de aceptar que el tiempo no siempre coopera o que no todo depende de voluntad o disciplina. Y ahí aparece la trampa, donde creemos que si algo sale mal, es porque no supimos organizarnos. Es como si el caos fuera culpa nuestra, por eso siempre debemos recordar que la vida fluye a nuestro alrededor.
Pero el tiempo no es un recurso pasivo; ella no espera instrucciones, es algo que se mueve, que se resiste, que a veces se rompe. Y otras veces, simplemente, se va como el viento; por eso nosotros debemos estar mentalizados: o somos los que debemos encajar o adaptar a como transcurra todo. Organizar el tiempo no es una garantía, es un intento de hacer que todo marche adecuadamente. Es una forma de decir: “Quiero que esto funcione”. Y a veces funciona, otras veces no, pero aun así debemos aceptar que eso es normal.
Creo que en ocasiones este ha sido mi error, de no aceptar cómo fluye el tiempo, y que como humanos no siempre podemos tener el control. En un abrir y cerrar de ojos, el tiempo puede pasar y, cuando reaccionamos, pueden haber pasado días o semanas. Aunque lo apunto todo en mi bloc digital, a veces me siento mejor escribiendo tareas o ideas en papel; es como si eso me ayudara a conectar con la realidad.

