El derecho a la autodeterminación se refiere a la capacidad de tomar decisiones sobre nuestro propio destino, sin interferencia de otras personas. Este es un derecho fundamental vinculado a la dignidad de las personas, es decir es inherente a la condición humana.
La autodeterminación implica tener control sobre uno mismo y uno de esos aspectos se refiere a nuestra información personal, con quién y cuándo la compartimos. Es decir, debemos tener el derecho a decidir cuándo compartimos nuestra información y bajo qué condiciones.
Cuando no podemos controlar nuestra información, perdemos la facultad de tomar decisiones informadas acerca de nuestra vida. Nos volvemos vulnerables a la manipulación y a tomar decisiones inducidas por terceros. ¿Suena familiar?
La autodeterminación y la privacidad son particularmente importantes en la era digital, dado que nuestra información está siendo recolectada, analizada y compartida. No quiero decir que debamos aislarnos, sino que debemos ejercer el derecho a decidir qué información compartimos, con quién compartimos esa información y a revocar ese consentimiento sin condiciones.
Desafortunadamente, el marco legal vigente no siempre es suficiente para garantizar nuestro derecho a la libre determinación. Muchas compañías utilizan los vacíos legales para obtener nuestro consentimiento y usan nuestro datos de formas que nunca habríamos consentido.
Para garantizar nuestro derecho a la autodeterminación, necesitamos normas que nos permitan tener mayor control sobre nuestra información personal, en ese sentido la blockchain abre una oportunidad para reivindicar ese derecho.
En resumen, la autodeterminación y la privacidad son derechos intrínsecamente vinculados. Sin privacidad, no podemos ejercer el derecho a decidir sobre nuestras propias vidas, por ello requerimos herramientas que nos permitan proteger nuestra privacidad y estar en control de nuestra información personal.


