❤️ Al calor de las palabras y el éxtasis del deseo, la pasión y el amor cual fusión de incienso y fuego, llega la… consumación en alma y cuerpo.
… Pasaron lunas somnolientas (unas cuantas) y días más largos - propios del verano-.
El tiempo iba marcando la pauta… sin prisa alguna. Sin embargo, en el aire vaporoso colgaba en aquellos estragos de calor, un dejo de desesperación que había que apaciguar entre caricias dibujadas a solas.
Las horas corrían entre conversaciones largas y promesas sin tiempo hasta el día que decidieron sería la noche de esa consumación, de esa conversión en la que ya no serían dos, uno hambriento por el otro. Serían dos embebidos en el alma y piel del otro.
Aquella necesidad de sentirse de cerca, de recorrerse paisajes mutuos había terminado.
Al verse, en un acto de instinto animal, saltaron botones… No parecía no haber tiempo para más paciencia, mucho menos para roces delicados.

Él, en un arrebato, abrió a dos manos la blusa que servía de barrera…
El deseo bailaba descarado en sus pupilas.
Que esta luna sea testigo silenciosa y cómplice
de éste, mi instinto animal,
que hoy se verá satisfecho en tu pecho luminoso, lujurioso,
oh, mi amada…
mi meretriz… ¡Mía!
Anhelo tus gemidos - cual musica en mi oído - al ser penetrada
en irrefutable señal de absoluta posesión.
Anhelo el goce de tu sexo, babeando.
Ella:
... Bébeme de a poco,
en sorbos lentos...
No desesperes.
¡No hay prisa!
¿Yo? Yo quiero más...
Te quiero hambriento, sediento en mí.
Tu blanca libido me invade, me inunda
como espumoso, bravío mar
Tu fuerza rompe...
dentro de mí.
Te anhelo así:
Todo tú poseyéndome,
Habitándome como único dueño de mi jardín.
Entre caricias pausadas, latidos acelerados
temperaturas elevadas (y no precisamente por el clima que ya sofocaba),
corrían entre poros sudorosos, rostros enrojecidos y pieles resbaladizas
que parecían amalgamarse en perfecta fricción.
Un estallido volcánico se abrió,
vertientes salobres en forma de orgasmos derramados.
Ella -con el rostro sonrojado con el aura del amor-, observando con vehemencia al causante de su vorágine, entre suspiros y calma, cerró:

Esta noche ha culminado en cuerpos exhaustos;
Tú y yo…
Rocío salado cual llanto de una flor,
como evidencia de un baile cuerpo a cuerpo
en el que se rompió el pudor.
Tú, sueño mío,
consumado, consumido
en susurros, suspiros calmos
como broche de fogosidad y placeres,
que dieron paso a un deseo cierto y convertido
(cual ateo que apuesta volver a creer en Dios).
Y así, dióse por cumplida aquella -una vez- fantasía de dos.
El sueño de habitarse -en un inesperado Climax Pasional -se consumó,
luego de un diálogo íntimo que comenzó en una ensoñación.
Imágenes generadas gracias a la Inteligencia artificial. | Prompt: @mbbevilacqua

