«Todo está cumplido».
E inclinando la cabeza entregó el espíritu.

[Día 05]
Poco tiempo queda. Cada minuto conspira en su contra como lobo hambriento esperando atacar. Mariana se sabe entre la espada y la pared.
Pese a lo ocurrido tan solo horas antes, debe continuar, seguir de acuerdo a sí misma, fiel a lo que siente, aun cuando signifique su crucifixión.
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Intempesta noche...,
arrópame en este calvario de querer pertenecerle
en esa sutíl infinidad de su siempre.
Heme aquí, mi trovador maldito...
Soy sublimidad en esta entrega y rendición
sin protestar su orden divina como mi dueño y señor.
Si he de perdonarlo en algo,
es el no saber que lo anhelo habitándome.
Si existe el Paraíso, es el que vivo junto a Ud.,
teniéndolo entre mis piernas, en el pálpito que sacude mi sexo.
Si me tocan sus suspiros cuales hechizos y arrullos...,
¡míreme... Soy su inmortal!
¡Soy su mujer! No dude. Llevo su verbo en mi piel.
¡Ay, Amor mío!,
no deje deshabitado
-como Cristo abandonado-
mis paisajes encumbrados.
Tengo sed del manantial de besos que yace en cada poro de su piel
como sudario que lo envuelve desde que lo amé.
Tengo sed... al igual que Ud.
¿Por qué huir cuando todo se ha cumplido entre Ud y yo?
En las manos quedaron historias.
Somos -Ud y yo- espíritus embebidos, enteros,
entre los pulmones, el corazón, la carne y los huesos.
Si he de morir,
que sea con su nombre en mis labios como mantra...,
clavada en su cruz.


