El Bitcoin es el comienzo de algo grandioso.
– Nassim Nicholas Taleb
Ensayista y matemático libanés-americano.
Toda historia de amor tradicional inicia en torno a un café... Y muchos son los autores, poetas y hasta ciéntíficos que han escrito al respecto...
Pero existen otras, como la que leerás a continuación, que comienzan con una pizza... o dos.
Había llegado la primavera… loca, arrebatada, maldita…
Todo parecía desconcertante. Nadie sabía si la lluvia pertinaz que brotaba repentina era de plenitud, goce, o llanto orgásmico. Nadie imaginaba que aquel 22 de mayo finalizando la primera década del siglo XXI, en un mundo paralelo de las finanzas, cuando dos amantes coincidieron en una pizzería, que aquel encuentro marcaría un hito que los uniría para siempre y el mundo festejaría su amor por doquier: El joven y prometedor Bittorio (conocido entre amigos simplemente como Bit) y la sensual doncella María Pizza.
De este encuentro, un caballero era el único culpable y cómplice: Laszlo Hanyecz, quien se había empecinado -sin decir palabra- en presentarlos. Bit era un llamativo y entusiasta apasionado por la tecnología blockchain y las criptomonedas- Entusiasmo y pasión por el que, por cierto, no en vano se había ganado el apodo de Bitcoin-, quien jamás habría pensado en que una mujer llegaría a su mundo para hacer de él algo realmente útil. Fue entonces cuando descubrió a María Pizza. Una italiana (que que se hacía pasar por gringa) tan perfecta que se podía aplicar en ella cualquier ciencia exacta como la matemática o la física y explicar en su esbelta geografía hasta la razón de ser de Pi, que ella llevaba en su apellido. Era hermosa para cualquiera; de piel y aroma irresistibles.
Bit lo ignoraba, pero ya dos años antes, su nombre resonaba en los predios del mundo financiero y María Pizza no salía de su asombro al imaginar que pudiese encontrarse con el ya famoso Bitcoin.

Se vieron. No pronunciaron palabra en las primeras de cambio.
Durante la cena, él la veía extasiado, casi desesperado, mientras ella se mostraba seductora. Tal era su insinuación, que le hacía agua la boca al verla libar sus encantos… casi a punto de un desnudo frente a sus ojos.
Hicieron amena su conversación llenándola entre risas, de intereses, pasiones, aficiones, gustos; descubriendo que tenían mucho en común. Ambos eran innovadores, cada uno desde su lugar, con un propósito en mente: cambiar mentes dentro y fuera del mundo tradicional. Notaron que juntos, como dupla, podrían llegar a hacer grandes cosas.
Luego de un tiempo compartiendo en el que Bitcoin se dejaba seducir por la alegría y esplendor de María Pizza, siempre aderezada de aromas y sabores irresistibles para él, Bit se decidió y le propuso unirse para, por amor -pese a sus diferencias, pues él hablaba de transparencia y ella de riservatezza-, crear algo nuevo e innovador. Ella, sin dudarlo y obnubilada por notoriedad de Bit, aceptó sin titubear, acompañando a Bit pese a sus subidas e idas en baja.
Con los años, María Pizza dolorosamente se dio cuenta de que la insistente transparencia de Bit no era compatible con su idea de revolucionar el mundo de las finanzas. Ella quería llegar e impactar al mundo desde su riservatezza.
Decidió apartarse, no sin antes, agradecerle en una nota versada, su tiempo junto a ella:
Amor mío:
Entre rimas desoladas
quiero decirte que ya no puedo
compartir la fantasía de una vida contigo
cuando tú me quieres pública
y yo te quiero mío.
Ya no sé cómo decirte
-y que de alguna manera entiendas-
que no me atrae la idea
de que otros vean lo que tú haces conmigo
ni lo que inviertes (poco o en desenfreno)
cuando quieres saciar tu deseo y apetito.
¡Vaya infierno!
Te concedo, ciertamente,
el honor de ser
en este mundo el primero
que se acercó a mí
mostrándome que el fiat,
además de un auto,
no es el único dinero.
Te agradezco lo que me enseñaste;
cada cosa que me diste
en este tiempo que vivimos.
No eres tú, adorado mío...
Es tu absurda insistencia
en vivir a pierna suelta
bajo una falsa seguridad,
sin nada de garantía
de que mi privacidad es mía,
cuando me ven desde la pupila
¡y hasta la tira del brassiére!.
Te ama, aunque sea una paradoja...
Ma. Pizza.
Aquella esquela en verso bastó como despedida, alejándose sin pena de aquel primer amor que le había dado la vida.
Entre las amistades de Bit, había un amigo, quien más que amigo era fan… Tanto que admitió ser Bitcoiner: Era conocido como Zooko. Pero, a diferencia de Bit, creía fielmente en el derecho a la privacidad y anonimato.

Nadie supo en qué momento Zooko conoció a María Pizza. Lo cierto es que prendada quedó ella de su estampa, pero sobre todo, de esa posibilidad inequívoca de compartir con ella el ideal de la privacidad en un mundo en constante vigilancia.
Aquel hombre, del que se desconoce si en algún momento antes de ella, había invitado y pagado algo con criptomonedas, era el padre de Zcash, y de ZEC, representando sin más, lo que María Pizza anhelaba y por lo que abogaba: seguridad, privacidad y anonimato en las transacciones (o cualquier otra cosa que ocurriese) al estar ella en las manos y en la boca de alguien.
María Pizza nunca dejó de reconocer que con el gran Bit comenzó todo, pese a los sueños de ambos, tan distintos.
Hoy en día, Bitcoin y Ma. pizza -si bien no están ya juntos en aquello que los unió a primera vista y a un primer mordisco-, siguen trabajando, cada quien por su lado en su afán de continuar impactando el mundo con sus posibles cambios. Ella en sus técnicas de seducción en la mente de los comensales y el con sus avances en el mundo de las criptomonedas y la cadena de bloques.
Queda esta historia de su primer amor y legado inmortal, por el que, gracias a Laszlo Hanyecz, el mundo entero y la web3 celebran aquel encuentro bajo el nombre de Bitcoin Pizza Day, cada 22 de mayo, recordando cómo su relación cambió el mundo para siempre con la premisa irrefutable:

¡La vida con pizza y criptomonedas es mejor!
Las imágenes de pareja fueron creadas por IA a través de Night Café Studio.

